Hay días en los que el fútbol se convierte en una metáfora de la vida. El pasado viernes 23 de enero, en Gálvez, las nubes descargaron agua sobre el terreno de juego, pero nada pudo apagar la chispa de nuestros chicos del Alevín Educo. Bajo la dirección de Ignacio López, el equipo se enfrentó no solo a un rival correoso, sino a un desafío ambiental que requería de una colaboración extra.
En el C.D. Los Arcos de Sonseca, creemos firmemente que «la amistad es la razón», y hoy esa frase cobró un significado monumental. El hito pedagógico más importante de la jornada no ocurrió en el marcador, sino en el vestuario y en cada abrazo: Abe volvió al equipo. Tras cuatro meses de ausencia debido a una operación, su regreso fue el verdadero motor emocional. Su presencia nos recordó que la solidez de nuestro club, al igual que nuestro monumento de «Los Arcos», se construye piedra a piedra, compañero a compañero.
El encuentro fue un ejemplo de superación emocional. Aunque el frío y la lluvia dificultaron los primeros compases del aprendizaje compartido, la entrada en calor del equipo fue un espectáculo de resiliencia. Supimos sufrir con deportividad frente a un rival que nos complicó las cosas al inicio, pero la unión del grupo permitió cambiar las riendas del encuentro. Logramos plasmar nuestra superioridad formativa en un resultado favorable, donde la fluidez en el juego se tradujo en alegría compartida.
Goles de Asier, Mateo Pérez y Diego fueron los destellos técnicos de la tarde, pero el «gestazo» de la jornada fue la ovación silenciosa y el apoyo constante hacia Abe. Él fue elegido el jugador destacado por valores, no solo por su esfuerzo físico tras la recuperación, sino por lo que su vuelta representa: el compromiso de un equipo que nunca deja a nadie atrás.
Como dicta nuestra filosofía, «Competir para formar» es nuestro eje. Hoy, bajo la lluvia de Gálvez, no solo jugamos al fútbol; celebramos la salud, el regreso de un amigo y la capacidad de sonreír ante la adversidad.



